martes, 2 de agosto de 2022

Pagaron por un viaje VIP para morir hacinados; tragedia en Texas

Texas, USA, 2 agosto 2022. A pesar de haber pagado hasta 13 mil dólares por viajes más cómodos y seguros para cruzar la frontera hacia Estados Unidos, los migrantes mexicanos Pablo Ortega y Julio López encontraron la muerte en el tráiler que fue hallado en San Antonio, en junio pasado, junto con otras 51 personas.

Una red de coyotes ofrece estos viajes, con cervezas de cortesía, estancias en casas de seguridad con videojuegos e incluso una semana en un rancho; después subieron al vehículo en el que murieron asfixiados el 27 de junio.

El pago por estos cruces supera el de un viaje promedio, que cuesta entre dos mil y siete mil dólares, de acuerdo con datos del gobierno de México.

Familiares de los mexicanos relataron que Ortega acordó pagar 13 mil dólares (265 mil 910 pesos mexicanos, al tipo de cambio de ayer), mientras que López pagó 12 mil dólares, bajo la promesa de que viajarían solos o en grupos pequeños, lo que, finalmente, no ocurrió.

Ante el peligro en la frontera México-Estados Unidos, redes de coyotes ofrecen viajes que promueven como más seguros y cómodos, por los que cobran hasta 13 mil dólares.

Los migrantes mexicanos Pablo Ortega y Julio López contrataron esa oferta. Ambos subieron al tráiler que fue hallado en San Antonio en junio pasado, donde murieron asfixiados junto con otras 51 personas.

Los cruces desde México a territorio estadunidense alcanzaron un récord de 1.7 millones en lo que va del año hasta junio. Además, el año pasado, murieron 728 personas en la frontera, la cifra más alta en la historia.

A las 14:50 horas del 27 de junio, un camión de carga de 18 ruedas con una cabina Volvo roja de 1995 atravesó un puesto de control del gobierno estadunidense, cerca de Encinal, Texas, unos 65 kilómetros al norte de Laredo.

López partió el 8 de junio de Benito Juárez, de Chiapas. El trabajador de un aserradero de 32 años esperaba enviar dinero a su esposa Adriana para proporcionar mejores cuidados a su hijo menor, quien vive con autismo. El nombre de ese hijo, Tadeo, estaba tatuado en su brazo izquierdo.

En el caso Ortega, su madre Rafaela Álvarez vendió una casa rodante.

Al llegar a la frontera, le pidieron otros dos mil dólares para, presuntamente, llevarlo por una ruta más segura, sin pasar por el desierto, cruzando el río Bravo y viajando en el compartimiento para dormir en un camión

Rafaela Álvarez empeñó joyas de oro para obtener el dinero extra. Ella recuerda haberle advertido que no se subiera a un tráiler lleno de gente. “Se acaba el aire”, le dijo en una videollamada.

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